Premisas: Los Adventistas del Séptimo Día, en el contexto de sus creencias básicas, reconocen que:

G     Dios es Creador y Sustentador de la tierra y de todo universo, es la fuente de todo conocimiento y sabiduría.

G   El creó a seres humanos perfectos, a su propia imagen, con la capacidad de pensar, decidir y actuar.

G   Dios es el origen de todo lo verdadero, bueno y bello, y ha elegido revelarse a sí mismo a la humanidad.

G   Los seres humanos, por propia elección, desobedecieron a Dios y cayeron en un estado de pecado que ha afectado a todo el planeta, involucrándolo en un conflicto cósmico entre el bien y el mal. A pesar de ello, el mundo y los seres humanos todavía reflejan, aunque imperfectamente, la excelencia de su condición original.

G   La Divinidad enfrentó el problema del pecado por medio del plan de redención.  Este plan tiene el propósito de restaurar a los seres humanos a su estado original de perfección, amor y armonía.

G   Dios nos invita a aceptar su plan de restauración y a actuar en este mundo de manera creativa y responsable hasta que él intervenga en la historia y cree nuevos cielos y nueva tierra.

La educación es Cristocéntrica y que bajo la dirección del Espíritu Santo, el carácter y los propósitos de Dios pueden entenderse tal como están revelados en la naturaleza, la Biblia y en Jesucristo.  Las características distintivas de la educación adventista -basadas en la Biblia y en los escritos de La Educación; destacan el propósito redentor de la verdadera educación: restaurar a los seres humanos a la imagen de su Hacedor.

Los adventistas del Séptimo Día creemos que Dios es omnisapiente, omnipresente, omnipotente amante, sabio y poderoso.  Él se relaciona con los seres humanos de manera personal y presenta su propio carácter como la norma fundamental para la conducta humana y su gracia como el medio de restauración.

G     La educación adventista imparte más que un conocimiento académico. Promueve el desarrollo equilibrado de todo el ser –espiritual, intelectual, físico y social.  Se extiende en el tiempo hasta abarcar la eternidad.  Fomenta una vida de fe en Dios y de respeto por la dignidad de cada ser humano; procura la formación de un carácter semejante al del Creador; estimula el desarrollo de pensadores independientes en vez de meros reflectores del pensamiento de los demás; promueve una actitud de servicio al prójimo.

Los Adventistas del Séptimo Día creemos que, bajo la dirección del Espíritu motivado por el amor, en lugar de la ambición egoísta; fomenta el desarrollo máximo del potencial de cada individuo; e inspira a valorar todo lo verdadero, bueno y bello.